Mientras más callado hagas tus cosas, mejor te saldrán

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Seguramente lo primero que se nos vendrá a la mente será el tema de la envidia y de hecho esto tiene mucho peso, otros que defienden su costumbre de contar sus cosas, asegurarán que muchas personas podrían prestarnos ayuda en algo que necesitemos, apoyarnos o suministrarnos recursos de los cuales no dispongamos y sí puede que tengan razón, pero aun así, defenderemos la tesis de que mientras más prudente seamos con nuestras cosas, con lo que queremos conseguir, con lo felices que somos, mejor nos irá.

Los pensamientos son energías y aun provenientes de personas que nos quieren y nos admiran, pueden estar contaminados por la envidia o por ese afán de que todos pasemos por los mismos problemas, que para muchos resulta de consuelo, o bien el afán de estemos bien, pero no mejor de lo que están esas personas que nos dedican sus pensamientos.

Tengamos claro que a la mayoría realmente no les interesan nuestros problemas, cuando nos escuchan pueden demostrar empatía, solidaridad, pueden darnos su apoyo, pero para muchos y créanlo, para MUCHOS, es satisfactorio que la vida de otros esté complicada, que no sea color de rosa, que presente tropiezos, los hace sentir más cómodos en su rol común de ciudadano en el mundo, que tiende más a caer que a levantarse.

Por otra parte está ese porcentaje que sinceramente se preocupa por nosotros, que nos quiere bien y a pesar de que podemos estar mejor que ellos, no resulta una limitación para recibir de su parte las mejores energías, en estos casos el hablar de nuestras cosas con ellos pudiese ser positivo, nos pueden alentar y apoyar. Pero aún bajo el escenario planteado estas personas cargadas de buenas intenciones, por el simple hecho de querernos, podrían inclusive desmotivarnos, podrían querer protegernos tanto que se les haría sencillo cortarnos las alas por miedo a que volando nos pudiésemos caer.

Y es que el amor se presenta de muchas maneras y cada quien afronta la vida de una forma particular, lo que es bueno para uno, no necesariamente lo es para otro, y eso es válido, pero cuando sometemos lo que queremos, a donde nos gustaría llegar, con quién queremos relacionarnos, a la opinión de los demás siempre habrá alguien que intente cuestionarnos, que intente desalentarnos, que nos envidie, que nos sobreproteja, que se angustie y nos contagie de miedos.

Por ello, lo más recomendable es ser prudentes, no salir a la primera a contar nuestras cosas, a exponer nuestras ideas, a buscar apoyo o reconocimiento. Si queremos desahogarnos, escribamos un diario… A veces es preferible contarle nuestras cosas a una persona totalmente desconocida en un sitio público, a riesgo de pasar por locos o por no tener amigos, que contárselos a quienes de cualquier manera se puedan afectar por nuestras decisiones o por nuestros cambios.

A fin de cuentas, si a pesar de la recomendación decides seguir compartiendo tu vida y tus intenciones con personas de confianza, está bien, pero al menos trata de escuchar solo lo que te dice tu voz interior, que al final resultará siendo tu mejor, más sincero y desinteresado consejero.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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